Vino Nuevo

Sorry there was an error processing this image.
 Articulos  

Current Articles | Archives | Search

Monday, June 23, 2008
Un balance en la oración
By Mike @ 3:47 PM :: 242 Views :: 0 Comments :: Article Rating
 
    Uno de los días que acampamos frente a una presa (en la cual no pescamos nada…), me desperté muy temprano en la mañana (aunque en realidad tenía ganas de dormir un poco más), y después de intentar dormirme varias veces, sin lograrlo, decidí salir a caminar un rato. Me fui a buscar un lugar donde poder platicar con Dios y llegué cerca de la presa debajo de un monte donde había un árbol muy verde que resaltaba en medio de todo el paisaje. Comencé a orar y como ya se venía haciendo costumbre, al tratar de querer hacerlo fervorosamente, no podía y sentía como si estuviera forzando algo que no se daba naturalmente. Al estar tratando de hablar con Dios escuché en mi espíritu que Él me decía: “guarda silencio y escucha lo que te quiero hablar a través de mi creación”.  Durante los siguientes 45 minutos o una hora aproximadamente lo único que hice fue escuchar todos los ruidos y sonidos que había a mi alrededor. Durante ese tiempo sentía como si Dios estuviera jugando conmigo al preguntarme: ¿cuantos sonidos diferentes puedes distinguir al mismo tiempo? Al estar ahí era como estar viendo y escuchando un documental de “National Geographic” con un sistema de sonido 5.1. Eran tantos y tan variados los ruidos y sonidos que era casi imposible poder contarlos. El canto de los pájaros, el ruido de las hojas de los árboles meciéndose, el chirrido de los grillos, el ruido de las alas de un halcón que volaba por encima de mí, buitres haciendo ruidos tan extraños que nunca había notado, el mugido de una vaca al otro lado de la presa que cuando lo hacía el eco de su voz era impresionante, un pájaro carpintero pegándole a un árbol que salía de la presa, y tantos otros ruidos que no pude distinguir de donde venían o que animal los estaba produciendo.
  
    Fue una experiencia que no olvidaré, nunca me imaginé que existían tantos ruidos y sonidos diferentes en una mañana en el campo. Pero lo que mas me sorprendió e impactó sucedió al comenzar mi regreso a la tienda de campo. Curiosamente seguía habiendo algo en mi mente que me decía: “ni oraste nada…” ¡Como somos insensibles los hombres algunas veces verdad! Acababa de pasar una de las experiencias mas increíbles que Dios me había regalado y aún así yo seguía teniendo esos pensamientos. Pero de regreso, al comenzar a caminar, escuché la voz del espíritu una vez mas diciéndome: “Yo estoy destapando tus oídos espirituales para que puedas escuchar mi voz.” Al momento, paré de caminar y me quedé pensando mucho en esto, pues recordé que esa oración había sido algo que por mucho tiempo oré hace aproximadamente unos cuatro años. Yo se que quizá se oiga un poco raro el pedirle a Dios que destape nuestros oídos, y que si hay algún tipo suciedad en ellos (espiritualmente hablando) la quite. Sin embargo, creo que al igual que debemos cuidar la higiene de nuestros oídos, también esto se aplica a lo espiritual. Cuando hemos dejado que nuestros oídos escuchen cosas vanas, se pueden ensuciar y quizá taparse a tal punto que nos es difícil escuchar la voz de Dios. Después de escuchar esto, comencé a pensar en todos estos meses pasados en los cuales había algo dentro de mí que no me dejaba hablar tanto, o que me impedía estar moviéndome al momento de orar.
  
    Quiero aclarar que para nada estoy implicando que la oración debe ser siempre tranquila, o sin pasión, o de una manera poco fervorosa. Muchas veces tenemos que ser violentos y apasionados al momento de orar e interceder (Mt.11:12, Lc.22:44 NVI, Stg. 5:17 NVI). Pero la Biblia también nos enseña a estar quietos para que podamos conocer a Dios, y que como ovejas aprendamos a escuchar la voz de nuestro pastor (Ec. 5:2, Sl. 46:10, 62:1, Jn. 10:3-5, Stg. 1:19). Por los últimos días he estado pensando mucho en todo esto, y creo que muchas veces gastamos mucho de nuestro tiempo de oración hablando o pidiendo; cuando en realidad, si la oración aparte de ser un tiempo de petición, o donde nos desahogamos con Dios, también es un tiempo para platicar con Él, deberíamos de invertir más de ese tiempo tratando de escuchar su voz. Una platica es siempre un camino de dos vías. Se requieren dos personas dispuestas a hablar y a escuchar. Que aburrido sería tratar de platicar con alguien, y que uno solamente  sea el que habla y que nunca hubiera una respuesta o comentario a nuestras palabras. Creo que nuestros momentos de oración se parecen mucho a cuando estamos junto a una persona que es muy sabia y que su hablar es siempre algo digno de escuchar. Cuando estamos en una situación asi, somos prudentes y tratamos de permanecer callados para aprender de aquella persona quien sabe más que nosotros. Y cuando hablamos, procuramos hablar algo sensato o tratamos de hacer una pregunta adecuada para aprender de su respuesta. ¡Cuanto más tenemos que hacer esto con aquel que es el creador del universo, la inteligencia máxima, la verdad absoluta y a quién le pertenecen la sabiduría, el poder y la gloria! Una vez alguien, refiriéndose a lo mucho que hablamos tantas veces, comentó en manera de broma que no era casualidad que Dios nos hubiera dado dos oídos y una boca solamente. ¡Que raro nos hubiéramos visto con dos bocas y un solo oído! Dios fue muy inteligente y creativo con nuestra forma estética. Pero si sería bueno que reflexionáramos un poco en esto y tratáramos de ser más balanceados al momento de orar. Que procuremos no gastar todo el tiempo de oración hablando, sino que también invirtamos nuestro tiempo escuchando. Que estemos tranquilos esperando respuestas a nuestras preguntas, comentarios a nuestras súplicas y verdades a nuestras dudas, y sobre todo, conociendo que Él es Dios y como es Él.

    Espero que Dios nos haga más sensibles a su voz y que en nuestros momentos de oración podamos no tan solo abrir nuestro corazón a Él, sino que podamos descubrir también su corazón, pues este es el anhelo de Dios. Y recordemos siempre la enseñanza de aquella historia en la cual dos hombres platicaban del tema de la prudencia,  y uno de ellos comentó: “es sabio el hombre que piensa antes de hablar” y el otro le contestó modestamente: “es más sabio el hombre que piensa antes de quedarse callado”.

 

Daniel Fraire
myspace.com/danielfraire
Previous Page | Next Page
Rating
Comments

Name (required)

Email (required)

Website

Enter the code shown above:

 Print   
 Temas de Interes: