El Tiempo Correcto Para Servir

Tenemos la fortuna de ser padres de cuatro hijos, y ante tal dicha y  responsabilidad, nuestro entorno familiar ha cambiado. Con el tiempo, algo que hemos aprendido es enfocarnos en establecer correctamente nuestras prioridades al cuidar de nuestra familia, nuestro matrimonio, y por supuesto, nuestro servicio y amor a Dios.

Hace aproximadamente año y medio, en una conversación casual, nos comentaron que había necesidad de servidores en el grupo de jóvenes. Para ese entonces, estábamos por emprender un negocio, un sueño que hacía tiempo Dios había sembrado en nuestro corazón. Así que, en medio del trabajo, los niños y nuestro matrimonio, sonaba demasiado loco querer agregar a nuestra vida una responsabilidad tan grande como lo es trabajar con jóvenes.

Habían sido meses de locura, con algunas tormentas y muchas dudas. Nunca nos cruzó por la mente que pudieran pensar en nosotros como líderes de jóvenes… ¿quién lo iba a decir? Dios nos habló a mi esposa y a mí y nos dio la certeza de que Él traería paz en medio de esas tormentas; así que en fe y confiando en el Señor decidimos aceptar el reto.

Fue en abril del 2016 que comenzamos a apoyar en NEO, nuestro grupo de adolescentes, y para el mes de junio nos pidieron que nos hiciéramos cargo del ministerio. La historia no solo termina aquí, a principios del 2017, Dios nos ha concedido el gran privilegio de confiarnos el cargo de Visión Juvenil campus West.

Estamos seguros de que fue la mano de Dios quien planeó todo esto, y de verdad que ahora puedo decir que Él cambió nuestro corazón dudoso y depositó la pasión necesaria para llevar a cabo su encomienda. Hemos aprendido a adueñarnos de los sueños de Dios, y realmente escuchar lo que Él quiere de nosotros.

Puede ser que te encuentres en un momento en el que sientes que no es “el tiempo correcto” para servir. Tal vez estés esperando que tus hijos crezcan, graduarte de la escuela o tener un mejor horario en el trabajo. Incluso, crees que tu reloj marca la hora justa de aquello que puedes ofrecerle a Dios; sin embargo, te animamos a recapacitar y a no olvidar que Dios es el dueño de tu tiempo y que si Él te llama a algo más, no dudes en dar ese paso de obediencia, pues a final de cuentas, el mayor beneficio lo recibirán tú y tu familia. Él es la fuente de tus fuerzas e inspiración, y ¿por qué no decirlo? también se encargará de que te rinda al máximo tu tiempo.

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