Mi Vaso Roto

A los 17 años de edad, mi mamá estaba muy enamorada de su pareja . Como producto de esa relación, se embarazó de mi hermano. El hombre no quiso hacerse responsable y huyó. A causa de esto, mi mamá cayó en la prostitución. Entre mi hermano y yo solo hay un año de diferencia porque, en cuanto él nació, abusaron de ella y me concibió a mí. Antes de que yo naciera, mi mamá ya estaba atentando contra de mi vida. Se montaba en un  caballo con 6 meses de embarazo y trató de provocarse el aborto de muchas maneras. Para ella, mi vida era el reflejo de un abuso sexual, así que en cuanto nací, me dejó al cuidado de una persona por tres años.

Cuando finalmente decidió regresar por mí para que viviera junto a ella y mi hermano, se desató una cadena de violencia y abuso diario; una horrible pesadilla física, verbal y emocional. Como ella se dedicaba a trabajar en la prostitución, se iba todo el día dejándonos solos. En ocasiones no llegaba a la casa por varios días porque la arrestaban a causa de la prostitución. Una de esas veces, entre mi hermano y yo nos fumamos una cajetilla de cigarros para mitigar el hambre, yo tenía 5 y él 6 años de edad.

Gente cercana a mi madre le empezó a aconsejar que nos llevara a un albergue, ya que no estábamos teniendo una buena calidad de vida. Mi mamá lo empezó a contemplar porque sabía que no estábamos viviendo bien. Teníamos hambre todo el tiempo, carecíamos de instrucción y supervisión alguna.

A pesar del tipo de vida que estábamos llevando, mi hermano y yo teníamos miedo de ir a vivir fuera de casa, no estábamos preparados para vivir en la sociedad. Mi hermano tenía problemas de violencia, su carácter reflejaba todo lo que mi mamá nos hacía y se manifestaba con problemas de disciplina en la escuela. Un día lo expulsaron de la escuela y mi madre se enfureció, le hizo una maleta y lo llevó a un internado… Hasta ahí llegó mi relación con mi hermano, las cosas nunca volvieron a ser igual.

Más tarde, mi mamá consiguió otra pareja que me trataba muy bien, hasta que tuvo una discusión con él porque yo había tirado un plato. Como castigo se embriagó una vez más y me puso a limpiar la casa. A mis ocho años, mi lógica me decía que si hacía las cosas bien, quizás me golpearía menos, así que limpié con esmero, pero mis esperanzas fueron en vano, ese día me fue más mal que nunca. Esperó hasta él se fuera, me dijo que me quitara toda la ropa y me metiera al baño. Cuando entró llevaba el cable de la plancha y me golpeó en la espalda hasta que estaba a punto de perder la conciencia. Luego me echó el cable al cuello y yo pensé que hasta ahí había llegado. Recuerdo estar a punto de desmayarme cuando mi mamá me soltó justo a tiempo y procedió a golpearme y darme de patadas en todo el cuerpo. “Aún no termino”, me dijo ordenándome que me vistiera pero que me quedara sin zapatos. El pavor me invadió, así fue cuando decidí que tenía que escapar a como diera lugar.

Me dirigí hacia la cocina haciendo que dejaba algo y me armé de valor, escapándome de mi propia madre a toda velocidad. Atravesé la ciudad corriendo desaforado, descalzo, sintiendo que a cada paso me iba a alcanzar y terminar conmigo. No sé cómo pude correr esa distancia tan larga  sin zapatos; ensangrentando, aterrorizado y ahogándome en llanto, llegué a la casa de una conocida, quien vio la golpiza que me había dado mi madre. Entonces llamó a la policía. Ellos localizaron parte de mi familia biológica para ver quién me recogía… pero nadie aceptó. Así fue como el 16 de abril del 2008, me abrieron las puertas en “Lirio de Los Valles”.

Fue en esa casa hogar donde tuve mi primer encuentro con Dios, alguien se acercó y oró por mí en la lavandería, me dijeron que Jesucristo entraría a mi corazón y, desde ese momento, mi vida dio un giro.

Empecé a asistir a la iglesia y fui a muchos grupos de jóvenes, pero la verdad es que siempre me sentía marginado por mi orfandad. Existía una división muy obvia entre los que eran de la iglesia y los que veníamos de una casa hogar… Pero luego, llegué a este lugar tan diferente llamado Visión Juvenil. Recuerdo que el primer día que asistimos, ¡me abrazaron! Se sentí como si todo este tiempo había estado recorriendo un largo camino, pero finalmente ¡había llegado a casa! Me pidieron mi teléfono, mi Facebook y el pastor me invitó a involucrarme en la iglesia. Me invito a servir en Club de Verano, pero yo me sentía incapaz de enseñarle a los niños algo que no había vivido en mi niñez.

Cuando por fin me convencieron y serví en el Club de Verano sentí que ese era mi ministerio. El día de hoy tengo casi un año sirviendo y creo que Dios me trajo a Vino Nuevo El Paso con el propósito de usar mi vaso que aunque fue roto de muchas maneras, El ya lo reparo y no solo eso sino lo llenó de cosas buenas para yo compartirlas con los demás.

Dios me dio Vino Nuevo El Paso, esta comunidad es mi hogar. Aquí está mi familia, mis mejores amigos… las personas que más amo y en las que más puedo confiar.

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